Me gusta encontrarme con los árboles en la ciudad.
Observarlos me produce tranquilidad, bienestar, calma.
Por su presencia discreta y silenciosa,
a la vez que contundente y segura.
Se me asemejan en parte a los ancianos.
Sabios, experimentados, curtidos en el largo viaje de la vida.
Ambos portan en su corteza
las señales del inexorable paso del tiempo.
De los golpes recibidos.
Me gustan los árboles,
porque siempre crecen hacia arriba.
Yo en ocasiones he "crecido" hacia abajo.
En esos periodos siempre me fijo en ellos.
Y en su resistencia.
Y me hacen sentir acompañada.
Me imagino su día a día,
ahogados por la polución,
rodeados de todo, pero en soledad.
Soportando talas injustificadas,
basura, polvo, indiferencia.
Aún así, siguen ofreciéndonos sus flores cada primavera.
Tendríamos que plantar muchos más árboles a nuestro alrededor.
Observarlos me produce tranquilidad, bienestar, calma.
Por su presencia discreta y silenciosa,
a la vez que contundente y segura.
Se me asemejan en parte a los ancianos.
Sabios, experimentados, curtidos en el largo viaje de la vida.
Ambos portan en su corteza
las señales del inexorable paso del tiempo.
De los golpes recibidos.
Me gustan los árboles,
porque siempre crecen hacia arriba.
Yo en ocasiones he "crecido" hacia abajo.
En esos periodos siempre me fijo en ellos.
Y en su resistencia.
Y me hacen sentir acompañada.
Me imagino su día a día,
ahogados por la polución,
rodeados de todo, pero en soledad.
Soportando talas injustificadas,
basura, polvo, indiferencia.
Aún así, siguen ofreciéndonos sus flores cada primavera.
Tendríamos que plantar muchos más árboles a nuestro alrededor.
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